domingo, 23 de diciembre de 2007

El lastre de lo amoral

A más de un mes de la Sentencia del 11-M (cuyo efecto inmediato ha sido la dispersión de las posturas conspiracionistas), parece que es buen momento para realizar un pequeño análisis de sus consecuencias para el conspiracionismo; la Sentencia ha dejado tan en ridículo las tesis defendidas por algunos políticos, por algunos periodistas y por algunos ciudadanos que, ahora sí definitivamente, este artículo servirá como cierre definitivo de esta bitácora.

Los gurús del conspiracionismo: intentando superar el ridículo

Aun cuando las primeras reacciones de El Mundo fueron las de arrimar el ascua de la Sentencia a las tesis defendidas por este periódico (se intentó defender en varias ocasiones que la Sentencia reafirmaba la investigación llevada a cabo por El Mundo), parece que la realidad ha acabado por hacer mella en su dirección y se ha variado completamente aquella estrategia primigenia (que resultaba completamente indefendible); mucho más acorde con la realidad y con la habitual forma de actuar de Pedro J. Ramírez ante varapalos de semejante entidad, El Mundo ha optado por apartarse de los argumentos y se ha acabado centrando en la descalificación personal de quien les ha hecho quedar en el más absoluto de los ridículos. Quien inició la carrera conspiracionista con los cadáveres del 11-M todavía calientes (el 18 de Abril de 2004 se publicó el primer Agujero Negro de Fernando Múgica en El Mundo) critica ahora (y de qué forma y con qué insistencia) que la mujer de Gómez Bermúdez publique un libro sobre el desarrollo del Juicio por el 11-M ("La soledad del juzgador", de Elisa Beni); ver para creer, aunque es la única vía que le queda a Pedro J. Ramírez para intentar superar el ridículo, aun cuando es tal la amoralidad que ha venido exponiendo El Mundo a lo largo de estos casi cuatro años que corre el riesgo de hacer doblemente el ridículo, como es el caso de hace escasos días (cuando asignan al libro de Elisa BeniUn secreto revelado por Bermúdez obliga a aumentar la seguridad de una testigo»- una supuesta exclusiva que publicaron ellos mismos hace más de dos añosUna víctima vincula a Setmarian con el atentado de El Descanso»-, intentando de esta forma cargarse de una razón que no tienen: exigir, en su Editorial de hace tres días El Poder Judicial no tiene más remedio que expedientar a Bermúdez»-, que el Consejo General del Poder Judicial expediente a Gómez Bermúdez por revelar a su mujer que, gracias a una testigo protegida -cuyo nombre no se desvela en ningún momento, ni en la noticia de El Mundo de 2005 ni en el libro de Elisa Beni de 2007-, se pudo reabrir en Noviembre de 2005 el caso del atentado de El Descanso -y si, además, comprobamos que El Mundo fue el único periódico de tirada nacional que en 2005 habló ya de que esa víctima pertenecía a la Asociación presidida por Pilar Manjón, podemos hacernos una idea de hasta dónde pueden ser capaces de llegar algunos para defender lo indefendible, como finalmente han tenido que acabar reconociendo incluso en el CGPJ-).

En otro nivel encontramos a Federico Jiménez Losantos o a Luis del Pino; estos dos individuos, siguiendo con la apropiación de la voz de todas las víctimas que llevan practicando desde que se apuntaron a la teoría de la conspiración creada por el periódico de Pedro J. Ramírez, han optado por escudarse, tras la inmensa farsa destapada definitivamente por la justicia y creada (o alimentada) por ellos mismos, en el entorno de algunas de esas víctimas, que se han visto abocadas a elegir entre la justicia de un Estado de Derecho o la asunción de estar viviendo en un mundo miserable, creado y gestionado por el Partido Socialista, en el que la justicia ni existe ni se la espera. Esta última opción es la que han estado alimentando Federico Jiménez Losantos y Luis del Pino, que han acabado integrándose en el entorno del Presidente de la AVT, ejerciendo de ideólogos no de las víctimas del terrorismo, sino de la cúpula de la Asociación de Víctimas del Terrorismo; bajo el beneplácito del Presidente de esta asociación de víctimas (quien no olvidemos que fue también uno de los principales alimentadores de la teoría de la conspiración -tristemente desacreditada, como sus propulsores, entre ellos Alcaraz-, no sólo por tratarse de un referente social -es el representante de la asociación de víctimas mayoritaria- sino, y sobre todo, también por ser referente de las propias víctimas integradas en su asociación -y el posesivo adquiere aquí toda la extensión de su significado-), Luis del Pino se permite ejercer de voz de las víctimas (de todas las víctimas), utilizándolas sin ningún tipo de pudor como arma arrojadiza contra todo aquel que ose dejarlo en ridículo. Y mientras tanto, Federico Jiménez Losantos intenta darle cierta altura moral -a través de la moral católica que teóricamente rige la cadena de radio en la que trabaja- a una actitud tan execrable, dándoles voz y relevancia a las ocurrencias extravagantes y siniestras de alguien que ha sido completamente incapaz de someter y defender sus argumentos al menor debate público.

Son dos formas distintas de reaccionar y de intentar superar el ridículo. La primera corresponde al altivo y vanidoso que se ha visto malherido y renqueante al toparse de frente con la realidad e intenta excusarse en que ha sido atacado por la espalda y a traición, señalando con el dedo acusador a quien iba al frente de esa realidad. La segunda corresponde al cobarde que ha visto cómo la realidad se ha llevado por delante al líder al que adulaba y ha optado por parapetarse tras las personas a las que había convencido previamente de la superioridad del líder caído.

En cualquiera de los dos casos, haber sido los responsables de crear y alimentar una patraña que ha quedado completamente desacreditada por los hechos probados de una Sentencia de un Tribunal de justicia y pretender seguir adelante con la gran mentira (ya sea atacando vilmente a quienes, haciendo su trabajo, han destapado definitivamente la patraña o ya sea escudándose tras una supuesta y falsa voz de las víctimas -de todas las víctimas-) supone, lejos de la tan pretendida superioridad moral de estos gurús y visionarios (utilizando la grandilocuencia de querer saber la verdad y hablar en representación de las víctimas, aunque el contenido real de esos supuestos principios morales fuese un enorme vacío que se iba rellenando con las ventas de libros y periódicos), una completa y absoluta amoralidad.

Los fieles: un movimiento sectario con base política

Los traumas colectivos, como es el caso del atentado masivo e indiscriminado del 11-M, pueden ser superados por la sociedad de muy distintas formas; la más habitual, en un Estado de Derecho, es la de hacer pagar a los asesinos por los crímenes cometidos, con la diferencia fundamental respecto a éstos (que también aluden a un castigo por otros crímenes supuestamente cometidos por la sociedad contra la que atentan) de la individualización y el derecho a poder defenserse con las mismas garantías que cualquier otro ciudadano.

Los atentados del 11-M, sin embargo, significaron dos traumas consecutivos para una parte de la sociedad: al trauma humano se le sumó el trauma político de haber pasado de mayoría absoluta a la oposición.

Tras los atentados y durante los días que quedaban hasta las Elecciones, esa parte de la sociedad, que había ignorado y ninguneado a los españoles que estaban en contra de la Guerra de Irak (más del 80% según todas las encuestas, aunque el entonces Presidente del Gobierno cerrase los ojos ante 5 millones de manifestantes diciendo que había 35 millones de españoles que le apoyaban), reaccionaron al pánico de verse barridos electoralmente si se llegaba a relacionar la masacre con esa Guerra.

Esa parte de la sociedad (en torno al 15%, si atendemos a quienes no se oponían en 2003 a la Guerra de Irak y a quienes, a día de hoy, siguen viendo a ETA tras los atentados del 11-M) vio en las tesis conspiracionistas una explicación conocida (es decir, con elementos ya conocidos) a sus dos traumas: el mismo terrorismo de siempre (ETA) había asesinado y los terroristas de Estado (GAL - PSOE) se habían encargado de que todo pareciese estar relacionado con la Guerra de Irak. Esta explicación, además, no requería de ningún tipo de autocrítica por haber ignorado y ninguneado a más del 80% de españoles, ni ningún tipo de autocrítica ante la reacción de pánico de los días anteriores a las Elecciones: los asesinos eran los de siempre (ETA) y la Guerra de Irak fue introducida en los atentados por el PSOE (o por personas interesadas en un triunfo electoral del PSOE) para ganar las Elecciones. Las verdaderas víctimas de aquellos atentados y del Golpe de Estado posterior fueron (aunque pueda parecer repugnante, así han acabado considerándose ellos mismos) ese 15% de españoles.

Pues bien. A día de hoy, y tras una Sentencia en la que los hechos probados demuestran la autoría de un grupo terrorista islamista, empieza a resultar entre patético e indignante que sigan habiendo grupúsculos radicales que insistan en las mismas autorías que hace casi cuatro años, obviando cualquier relación del islamismo fundamentalista con los atentados para evitar tener que reflexionar sobre lo defendido por ellos mismos hasta ahora; no van muy desencaminados quienes acusan a estas personas, a estas alturas, de defendores del terrorismo islamista, pues es lo que están haciendo. Ponerles ante el espejo argumentativo de la izquierda abertzale (a la que, incomprensiblemente, ellos denostan) no les supone ningún tipo de remordimiento (a pesar de que sus argumentos son exactamente los mismos); acusarles directamente de defensores de terroristas (pues exigen la puesta en libertad de los condenados) tampoco les hace reaccionar (escudándose en otros casos en los que se ha condenado a inocentes, como el caso Dreyfus -ignorando que ese caso fue juzgado ante un tribunal militar francés en el siglo XIX, siendo las pruebas esgrimidas para condenarle justo la ausencia de pruebas, al considerar que si no las había era porque las había destruido- y erigiéndose como los nuevos Zola -el periodista que consiguió demostrar la inocencia de Dreyfus, con quien ha llegado a compararse, en un ataque supremo de vanidad, el propio Pedro J. Ramírez-)...

A lo único que pueden agarrarse es a algunos errores secundarios contenidos en la Sentencia (la forma de llegar a las dos empresas indias de telefonía móvil -Sindhu Enterprise y Bazar Top, en cuyo relato el Tribunal entremezcla erróneamente las declaraciones en el Juicio de tres policías- o la confusión del Tribunal al considerar exclusivos de la Goma-2 ECO dos componentes -el nitroglicol y el ftalato de dibutilo- cuando sólo es exclusivo el segundo -el ftalato de dibutilo, encontrado en todos los focos de las explosiones excepto en uno- mientras que el primero -el nitroglicol- es compartido con otras dinamitas), todos ellos completamente irrelevantes para determinar la participación de los condenados en los hechos de los que se les acusa (pues las condenas se han impuesto por las declaraciones de testigos presenciales, por la presencia de ADN y huellas en los alrededores de los escenarios del crimen, por la existencia de reivindicaciones elaboradas por el propio grupo terrorista, por la existencia de abundante comunicación entre los miembros del grupo terrorista en fechas y lugares relevantes para las investigaciones, por el probado tráfico de abundantes cantidades de una dinamita cuyo componente exclusivo y diferenciador -el ftalato de dibutilo- ha sido encontrado en todos los focos de las explosiones -excepto en uno-...).

El panorama que queda tras la debacle conspiracionista

Los absurdos e inversosímiles argumentos conspiracionistas, denunciados e incluso desmontados tanto desde esta bitácora como desde otros foros, que han luchado contra la manipulación informativa de Luis del Pino, Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez (y hablo, por ejemplo, de 3 días de Marzo, de Manel Gozalbo, de Desiertos Lejanos o de Escolar.net), han quedado completamente enterrados tras la Sentencia de la Audiencia Nacional; la escasa, cuando no nula, deontología periodística de algunos medios (Libertad Digital, Cadena COPE y El Mundo principalmente) ha quedado desnuda ante la realidad de los hechos.

Que las reacciones de esos medios, una vez destapadas sus vergüenzas, sean la huida hacia adelante (ya sea por soberbia, por cobardía o por cualquier otra razón) y la continuidad en sus flagrantes manipulaciones (como la que ya se ha comentado de El Mundo), sólo pone de manifiesto que la amoralidad y la desvergüenza más absoluta se ha quedado instalada en las redacciones de esos medios, como si de un quiste maligno se tratase.

Que sigan existiendo los grupúsculos radicales que, huyendo de los hechos demostrados por la Sentencia (porque de la razón hace ya casi cuatro años que huyeron), sigan manteniendo las acusaciones sin pruebas (como también se hiciera con Dreyfus y como nunca se ha hecho con Zougham) contra policías, jueces o fiscales, sólo demuestra que hay en España ciertas capas sociales a las que la división de poderes de nuestro Estado de Derecho les sigue molestando (eso sí, sólo cuando cualquiera de los tres poderes les quitan la razón) 30 años después de haber abolido la concentración de poderes en un único caudillo.

Mientras algunos sigan entendiendo la libertad de expresión como sinónimo de libertad de manipulación, y mientras siga habiendo ignorantes dispuestos a tragar (porque les complace tragrar) con cualquier tergiversación interesada de la realidad, España nunca podrá autoproclamarse un país completamente libre.

Con este panorama, entrar en discusiones o debates (ya estériles a estas alturas) con quienes defienden a un grupo terrorista que asesinó, un 11 de Marzo de 2004, a 192 personas, requiere mucho estómago; y yo no lo tengo.

La credibilidad de los medios conspiracionistas es, respecto al 11-M, inexistente; habrá sin duda quien quiera seguir formando parte de la gran falacia de esos medios (siempre buscando una explicación preconcebida a unos hechos que no son capaces de asumir), pero las bases (los fundamentos) de esa gran falacia se han derrumbado y los escombros están a la vista de quien quiera verlos. Y la demostración la podemos ver cada vez que El Mundo, la COPE o Libertad Digital cargan, sin argumento alguno y mediante mentiras o medias verdades, contra quien ha demostrado abiertamente y en público la miserable manipulación que esos medios han estado ejerciendo durante casi cuatro años.

Hemos aprendido todos, durante estos últimos años, hasta dónde pueden ser capaces de llegar algunos para defender lo indefendible; utilicemos ese aprendizaje para que otros (quienes suelen confiar en los periodistas como último poder -y último recurso- del Estado de Derecho) puedan ejercer de límite a ese poder (que todo lo justifica en nombre de una libertad de expresión que nunca han entendido) a personas que nunca han sido votadas por nadie, a quienes nadie puede controlar y a quienes nadie puede oponerse (bajo la amenaza -o mejor dicho, el chantaje- de publicar en portada cualquier falsedad malévola en nombre de una supuesta -y falsa, aunque suene contradictorio- verdad).

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