miércoles, 22 de agosto de 2007

Absurdo

Esto es ya tan absurdo que me cuesta lo indecible intentar rebatir con un mínimo de seriedad las últimas chaladas de algunos conspiracionistas.

Recordemos que el Tribunal Supremo dictó un Auto archivando una denuncia de Manos Limpias contra el juez Juan del Olmo y contra la fiscal Olga Sánchez por destrucción de pruebas, por prevaricación y por varios delitos más; Manos Limpias afirmaba que el juez instructor y la fiscalía habían cometido delito al ordenar la destrucción de los trenes y al no existir las autopsias de los suicidas de Leganés. El Tribunal Supremo archivó la denuncia de Manos Limpias al considerar que ni fue delito ordenar la destrucción de los trenes ni era cierto que no existieran autopsias de los suicidas; unos meses después, el Tribunal Supremo (tras un recurso de Manos Limpias) ratificó de nuevo el Auto archivando aquella denuncia.

En el primer Auto, el Tribunal Supremo accedía a la petición de la fiscalía para que se estudiara la posible comisión de un delito de denuncias falsas por parte de Manos Limpias, remitiendo a los juzgados ordinarios esa petición de la fiscalía. En fechas recientes, el Juzgado de Instrucción nº 14 de Madrid ha considerado que no es delito denunciar la actuación de un juez instructor y de la fiscalía (aunque se demuestre que su actuación fue correcta), por lo que la petición de la fiscalía ha sido denegada y la denuncia contra Manos Limpias ha sido también archivada.

Hasta aquí, todo dentro de las normas de las que nos hemos dotado los españoles desde que se aprobó la Constitución: dos denuncias antes los tribunales que han acabado siendo archivadas al no detectarse la comisión de ningún delito.

Pero ahora tenemos a unos individuos que, a pesar de llenarse la boca hablando de la Constitución y citándola a su conveniencia, parecen no enterarse (o lo disimulan muy bien) de que viven en un Estado de Derecho; y como se han llenado de mierda hasta el cuello con el 11-M (sí, hablo de esos que han utilizado el mayor atentado de nuestra Historia para lucrarse vendiendo libros), intentan ahora justificar su actitud a través de sentencias y autos judiciales que o bien no entienden o bien pretenden que sus acólitos no los entiendan. Y así, nos encontramos con esta perla de Luis del Pino al plasmar la noticia del archivo de la denuncia a Manos Limpias:

«Los trenes del 11-M fueron destruidos a pesar de que nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal exige que las pruebas se conserven hasta la celebración del juicio, para permitir a las partes personadas realizar peritaciones y contraperitaciones de cara a aclarar cualquier extremo relevante de los hechos».

A pesar de sus referencias a la legislación española, Luis del Pino ignora que es el Tribunal Supremo el órgano máximo que realiza las interpretaciones de las leyes para ser aplicadas a cada hecho en concreto; así que, como esa organización jerárquica no le gusta a este señor, pues se ignoran los dos Autos del Tribunal Supremo que dicen que la destrucción de los trenes fue conforme a la Ley (justamente a esa Ley de Enjuiciamiento Criminal a la que hace referencia Luis del Pino) y nos montamos nuestra propia historieta conspiracionista:

«Puesto que no existe delito de denuncia falsa, el Juzgado reconoce implícitamente que existía materia suficiente para la presentación de la querella, independientemente de que ésta fuera luego rechazada».

Al Juzgado de Instrucción nº 14 de Madrid, que es quien archivó la denuncia contra Manos Limpias, se le asignan por parte de Luis del Pino unas interpretaciones implícitas de lo que explicitó con total claridad el Tribunal Supremo meses atrás; pero como esos Autos explícitos del Tribunal Supremo no le gustan a este señor, pues ahora hay que buscar un reconocimiento implícito de que Manos Limpias tenía razón en su denuncia inicial, independientemente de lo que haya dicho el Tribunal Supremo.

¿Qué nos quiere contar este señor con esto? Muy simple: que según su particular Constitución (la que tiene él en su cabeza), son los Juzgados de Instrucción los que reintepretan a su libre albedrío los Autos y las Sentencias del Tribunal Supremo, contraviniéndolos si fuese necesario. Claro que toda reinterpretación ha de ser implícita (escondida detrás de palabras jurídicas y al alcance sólo de los grandes sabios), de forma que sólo es visible para aquellos iluminados que, como Luis del Pino, saben realmente lo que quieren decir los tribunales; evidentemente, es necesario ignorar que un Juzgado de Instrucción no puede reconocer implícitamente justo lo contrario de lo que ha reconocido de forma explícita el Tribunal Supremo.

Así que, de forma patética y absurda, estamos asistiendo a un intento a la desesperada de ver reintepretaciones implícitas de Autos y de Sentencias ya dictadas para justificar lo injustificable: seguir con la cada vez más absurda conspiración.

Pocos artículos más le quedan a esta bitácora si los argumentos conspiracionistas que vienen van a ser de este tipo.

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