lunes, 5 de febrero de 2007

Las falsas dudas (II)

Iniciaré esta segunda parte de las falsas dudas añadiendo algunos datos que se han ido aportando con los comentarios al primer artículo.

Unos terroristas que no son suicidas, pero que son delincuentes

Aunque siete de ellos acabaron suicidándose en el piso de Leganés, hay quien sostiene que no eran verdaderos suicidas porque no se suicidaron en acto de servicio (es decir, en los trenes); sin embargo, el Islam, igual que el Catolicismo, considera el suicidio como un acto repulsivoquien mata a una sola persona es como si fuera matado a toda la humanidad») por lo que como primera premisa hemos de tener claro que los terroristas suicidas no siguen las pautas dictadas por el Corán (el suicidio tiene el mismo sentido que en el catolicismo: nadie tiene el derecho de perjudicar a su vida, puesto que su vida es un don de Dios).

Es aquí donde entran los extremismos, que no consideran el suicidio como tal, sino como una forma de purificación a través del martirio; en este punto, podemos citar la forma de reclutar a mártires, pero lo haremos matando dos pájaros de un tiro: las razones por las que algunos de los sospechosos de cometer los atentados del 11-M eran delincuentes.

En el Auto de la Operación Nova se explican, en una sola frase, ambas cuestiones: los captadores se acercaban a los presos comunes ofreciéndoles una visión extremista del Islam «como medio de expiación de sus pecados anteriores [para] sacarlos de un modo de vida y conferirles la purificación a través del martirio».

Queda suficientemente claro, por lo tanto, que un terrorista islamista sólo será suicida cuando haya de convertirse en mártir para redimir sus anteriores pecados; y esa decisión la tomará el propio suicida en base a los ideales extremistas que le hayan podido ser inculcados fuera de las propias enseñanzas del Corán (por otros extremistas). Y queda también suficientemente claro por qué unos delincuentes pueden convertirse en mártires si previamente se les han inculcado los ideales necesarios para que considere que a través del martirio puede redimir sus pecados.

Confidentes que no confiesan sus delitos

Existe entre los conspiracionistas un grave problema semántico, y es que confunden contínuamente términos que, aunque bien contextualizados (como suelen hacer los conspiracionistas) puedan parecer sinónimos, en realidad no tienen nada que ver. Echemos mano en primer lugar al Diccionario de la Real Academia Española; la tercera acepción de confidente, que es la que se aplica en el caso que nos ocupa, dice literamente: «Persona que sirve de espía, y trae noticias de lo que pasa en el campo enemigo o entre gentes sospechosas».

En el 11-M hay dos confidentes fundamentales: Cartagena y Zouhier. El primero de ellos (a quien ya he dedicado varios artículos) informaba a la UCIE sobre posibles movimientos de terroristas islamistas en Madrid, y lo hizo puntualmente hasta Junio de 2003, aportando información sobre las intenciones de El Tunecino, de El Egipcio o de Maimouni; pero a partir de Junio se traslada a Andalucía y no puede seguir informando sobre los movimientos de esos terroristas, que en esas fechas tenían la intención de atentar en España, pero no disponían de la financiación necesaria para hacer realidad sus intenciones. El segundo de los confidentes es Zouhier, que informaba sobre tráfico de drogas y no sobre terrorismo; es importante recordar que este confidente sí informó de una primera transacción de dinamita en mal estado proveniente de Asturias (en Febrero de 2003, antes de la aparición de Jamal Ahmidan) y que, con posterioridad, no volvió a informar de ello (a pesar de tener pleno conocimiento de ello, pues resultó herido al manipular un detonador en Octubre de 2003). Y es aquí donde entra el problema semántico de los conspiracionistas: según el particular (y erróneo) significado que para ellos tiene la palabra confidente, Zouhier debería haber confesado que él mismo estaba probando detonadores y que estaba ayudando a Jamal Ahmidan a conseguir dinamita; evidentemente, confunden confidente con vigilado, con sospechoso y con tonto. Y por si no fuera suficiente, confunden drogas (de lo que informaba Zouhier) con dinamita (con lo que traficaba Zouhier).

La casa-almacén de Sánchez Manzano

Es habitual leer y escuchar a algunos conspiracionistas afirmando que la bolsa de deportes nº 13 (la desactivada en Vallecas) se la guardó Sánchez Manzano en su casa; también en fechas recientes se ha dicho lo mismo sobre los restos de los trenes que recogieron los TEDAX.

Todo viene de una falta absoluta de comprensión lectora, tal vez acrecentada por la intención de algunos periodistas en aportar más confusión que claridad a algunos de sus artículos: la frase "custodiada por Sánchez Manzano" es habitual en los medios conspiracionistas para darle un mayor carácter de prueba falsa a la mochila nº 13 (el Jefe de los TEDAX ha perdido cualquier credibilidad en todo aquello de lo que ha hablado o ha tocado).

Evidentemente, cuando se escribe o se dice esa frase no se refieren a que Sánchez Manzano está todo el santo día mirando la mochila nº 13 u observando los restos de los trenes, sino que ambas pruebas están custodiadas por los TEDAX, de los cuales Sánchez Manzano era el máximo responsable hasta fechas recientes.

Tal vez esa deficiente (por no decir nula) comprensión lectora de algunos conspiracionistas explique muchas de las elucubraciones que salen de sus poco amuebladas cabezas.

Otras dudas ya tratadas

Son casi infinitas las dudas que asaltan a los conspiracionistas, pero las más destacadas (por ser las únicas que pueden tener un mínimo de credibilidad) ya han sido tratadas en esta misma bitácora, por lo que no voy a repetir los mismos argumentos una y otra vez; a modo de resumen, pueden consultarse este artículo sobre lo que estalló en los trenes y este otro sobre Leganés, donde se recogen gran parte de las dudas suscitadas por los conspiracionistas.

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