miércoles, 29 de noviembre de 2006

El ácido bórico sí importa

Aunque no pretendía volver con el caso del ácido bórico, dado que el resultado judicial del mismo no puede demorarse demasiado (al haberse tramitado por el procedimiento abreviado) y sabremos en breve las razones jurídicas para una condena o para una absolución de los actuales imputados, en los comentarios a los dos últimos artículos se ha producido un nuevo debate acerca de este caso que he considerado interesante trasladar a un artículo.

Aunque El Mundo y el resto de conspiracionistas ya han dictado su propia sentencia condenatoria a los actuales imputados («Será la Justicia quien tenga la última palabra sobre sus responsabilidades penales, pero, al margen de ese veredicto, los hechos han quedado ya muy claros»), lo cierto es que su culpabilidad no está tan clara como algunos pretenden.

Recordemos que, para los conspiracionistas, el fondo de la cuestión es la eliminación de la palabra ETA de cualquier informe que pudiese llegar al juez instructor del 11-M (aunque en el Sumario del 11-M se hayan incluido al menos 9 informes para estudiar las posibles relaciones de ETA con los atentados).

A pesar de insistir en que el fondo de la cuestión no es el ácido bórico, sino la eliminación de la palabra ETA, no podemos perder de vista que lo que se eliminaron fueron unas observaciones que incluso sus autores han considerado sin base real alguna.

Y es que no podemos hablar de corrección de errores (revisión de informes periciales, función expresamente reservada al jefe del laboratorio) si no existe un error que corregir; igual que no podemos hablar de ocultación de pruebas (la relación de ETA con el 11-M) si no existe una prueba que ocultar.

Partiendo de la base de que el ácido bórico, por sí solo, no puede ser considerado parte de un explosivo, y teniendo en cuenta que en ninguno de los registros se encontraron el resto de sustancias que podrían haber servido para sospechar de su uso terrorista, he incluido un ejemplo en los comentarios al artículo anterior que voy a reproducir aquí:

1. Se encuentran 5 botellas de Channel nº 5 en el registro de un burdel.

2. Se encuentran 10 botellas de Channel nº 5 en el registro de la casa de Julián Muñoz.

3. Los peritos, tras consultar su base de datos y comporbar la coincidencia, incluyen unas observaciones en las que se afirma que en casa de Julián Muñoz podría estar ejerciéndose la prostitución.

4. El jefe de los peritos exige la corrección de esas observaciones, a lo que se niegan los peritos.

5. El jefe de los peritos, consciente de que corregir eso por su cuenta puede ser considerado falsificación de documento público, decide estampar el sello del laboratorio del que es responsable y remitirlo tal cual al juez.

6. El Mundo se hace con una copia del informe y publica a 5 columnas en su portada: "La Policía Científica acusa sin pruebas a Isabel Pantoja de ejercer la prostitución".

7. Isabel Pantoja y Julián Muñoz se querellan contra el laboratorio de la Policía Científica por falsas acusaciones.

8. El responsable del laboratorio, junto a los peritos que elaboraron el informe, son condenados e inhabilitados por un delito de falsas acusaciones o de prevaricación.

¿Por qué el responsable del laboratorio? Muy simple: al incluir en el informe el sello de la institución a la que representa (el laboratorio de la Policía Científica), el contenido de ese informe es asumido como propio por la propia institución y, por lo tanto, por quien la representa. Por lo tanto, ante una actuación delictiva de un subordinado, el responsable del laboratorio sólo puede optar por elegir entre el delito menor que le corresponda.

¿Tendría sentido la denuncia de falsas acusaciones o el de prevaricación? Se ha trasladado a un juzgado un posible hecho delictivo (prostitución), por la tenencia de una sustancia (Channel nº 5) que no tiene relación directa con el presunto delito del que se les acusa (falsas acusaciones); y, además, tanto los peritos como su superior conocían perfectamente que la tenencia de Channel nº 5 no implica prostitución si no hay otros elementos que permitan afirmarlo (prevaricación).

El ácido bórico, igual que el Channel nº 5, es una sustancia legal, que puede adquirirse sin restricciones por cualquier persona; en estos casos, la intención de un superior al eliminar unas observaciones que relacionen dos hechos delictivos en base a estas sustancias no es otra que la de corregir un error en el informe pericial. Un error, además, en unas observaciones erróneas, no en las conclusiones (conclusiones que, en ambos casos, coincidirían con las de los peritos: ácido bórico y Channel nº 5).

¿Podríamos hablar en este mismo sentido si se hubiese encontrado pentrita en lugar de ácido bórico o grabaciones caseras de actos sexuales en las habitaciones de la casa en lugar de Channel nº 5? Evidentemente, no: si el responsable del laboratorio eliminara la relación entre dos casos de pentrita o entre dos casos de grabaciones pornográficas caseras estaría ocultando pruebas al juez, porque la pentrita sí se puede utilizar en actos terroristas y porque la grabación de películas pornográficas puede tener relación directa con la prostitución. Aunque, con toda probabilidad, en estos casos los peritos no hubiesen incluido esas relaciones en unas simples observaciones, sino en las conclusiones del informe.

Se suele recurrir en el caso del ácido bórico a la imposibilidad de modificar el informe realizado por un perito; sin embargo, no puede obviarse que no es equiparable un perito individual (que trabaja por cuenta propia y es, por lo tanto, responsable de sus propios actos por cuanto sus informes periciales quedan autentificados con su firma, sin necesidad del sello alguno que le dé plena validez) que los peritos de un laboratorio público, cuyos actos han de ser siempre verificados y autentificados por los representantes de la institución, pues los informes periciales emanados de estos laboratorios pertenecen a la institución y son asumidos como propios por quienes la representan (de ahí que, para ratificarse en un juicio oral, sea en muchas ocasiones el representante del laboratorio el que acuda ante el tribunal, en nombre y representación de la institución a la que representa y como firmante del informe remitido al juez, independientemente de qué funcionarios concretos hayan realizado los análisis).

El Mundo echó toda la carne en el asador con el caso del ácido bórico; Baltasar Garzón explicó en su Auto (recordemos que era un Auto dentro de la instrucción contra El Haski por los atentados de Casablanca, y no una interferencia con la denuncia de España y Libertad, que no ha salido nunca del Juzgado de Instrucción nº 35) las razones por las que imputaba a los tres peritos (imputación a la que está obligado cualquier juez que observe indicios de delito en la declaración de un testigo) y no veía indicios de delito en sus superiores (única cuestión reprochable de ese Auto); del escueto Auto de Gemma Gallego no se desprenden más datos de los que ya se conocían tras el Auto de Garzón, pero mantuvo la imputación de los superiores de los tres peritos (por la denuncia presentada por España y Libertad), por lo que es posible que existan datos que no han sido hecho públicos (pues, de lo contrario, los indicios de delito son, bajo mi punto de vista, inexistentes). Así pues, habrá que esperar al desarrollo del juicio oral para conocer las razones de esa imputación y esperar una sentencia que, como ya he expresado en alguna ocasión, considero que debería mantener la inocencia tanto de los tres peritos como de sus superiores.

Para finalizar, aunque el caso del ácido bórico no está ahora en las portadas de los periódicos, eso no significa que no se sigan produciendo novedades; de hecho, y en consonancia con lo que he expresado en este artículo, las defensas de los superiores ahora imputados solicitaron (según se desprende de dos artículos periodísticos del ABC y de La Razón del pasado día 27) la revisión del Auto de la juez Gemma Gallego, justo por entender que no se ha tenido en cuenta que la no supresión de las observaciones hubiese supuesto un delito de falso testimonio por parte de los tres peritos, al haberse demostrado (citando el Auto de Garzón) que esas observaciones carecían de fundamento y que, por lo tanto, suponían una falsa acusación de tenencia de explosivos en los tres casos expuestos en el informe elaborado inicialmente. A ese delito de falso testimonio, que con la supresión de las observaciones (siempre según las defensas de los superiores de los tres peritos) se hubiese quedado en grado de tentativa, podría haberse sumado otro delito de falsedad documental al haber omitido el resto de informes periciales en los que aparecía el ácido bórico y que, casualmente, hubiesen sido suficientes para descartar la tenencia de explosivos como consecuencia del hallazgo de esta sustancia.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Policía asesina

No, no es el título de una canción de Las Vulpess:

«Al margen de la respectiva responsabilidad penal de cada uno de los 29 procesados, nueve de ellos españoles, los Peones Negros –al igual que dos de las tres asociaciones con víctimas del 11-M- tenemos claro que no están todos los que son. Aunque uniéramos los supuestos siete suicidados de Leganés –el acto final de la gran farsa-, estamos convencidos de que faltan, como mínimo, más españoles, alguno de ellos pertenecientes a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de nuestros servicios de inteligencia.»

Enrique Boto, periodista de Libertad Digital (HarryLib en los foros conspiracionistas), acaba de acusar sin tapujos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y al CNI del asesinato de 192 españoles y de causar heridas terroristas a más de 1.700 compatriotas; y no sólo eso, sino que se permite hacerlo en nombre de los Peones Negros, de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M y de la AVT. Desde el convencimiento, desde la clarividencia, y sin pruebas.

Esta es la culminación de lo que han creado los iluminados conspiracionistas. Si Enrique Boto considera que por nombrar a las víctimas del terrorismo puede pasarse por el forro de sus cojones al Estado de Derecho, sólo está demostrando que, además de una catadura moral nula, tiene un cerebro mucho más que diáfano.

El comentario de Enrique Boto está incluido dentro de las aportaciones a la nueva revista de los Peones Negros (QSV - Queremos Saber la Verdad); si la publicación sale a la luz con aportaciones como ésta, van a tener realmente difícil disociar la ultraderecha de los Peones Negros.

P.D.: Ante una posible modificación del texto de Enrique Boto, incluyo el enlace al artículo impreso en formato PDF.

Otro P.D.: Ayer ví la película GAL; de forma independiente a lo que me parezca la película en sí, podemos hacernos una idea de cual va a ser el final de la futura película sobre el 11-M. Si en la película del GAL aparece el Presidente del Gobierno (Felipe González por aquel entonces) en la portada de El Mundo bajo las letras impresas que recuerdan que nadie fue condenado como fundador del GAL (la fundación de un grupo terrorista no es un delito: lo es su pertenencia, y por ello fueron juzgados y condenados Barrionuevo o Vera), podemos imaginarnos que en el caso del 11-M, dentro de 10 años, aparecerá la X que ahora tiene en mente Pedro J. Ramírez (haya sido condenada o no por los tribunales de justicia) con otro delito inventado que justifique y que nos muestre que él, el sumo salvapatrias, tiene una verdad que nadie más conoce. Que tiemblen Rubalcaba y Zapatero.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Las falsas dudas (I)

¿Cómo pudieron unos pelanas realizar un atentado como el del 11-M?

El recurso a los moritos de Lavapiés para referirse a los actuales sospechosos da mucho juego a los conspiranoicos, aun con el riesgo de incurrir en contradicciones infantiles que avergonzarían a cualquiera.

El primer recurso es a la condición de pequeños delincuentes, que, por alguna extraña razón que todavía no han explicado, les impediría a los moritos de Lavapiés el paso a la condición de delincuente (a secas). A algunos de estos pequeños delincuentes se les encontraron 120.000 pastillas de MDMA (con un valor en el mercado de 1,5 millones de euros, aproximadamente) y 60 Kg de hachís; desconozco la cantidad de drogas que convierten a un pequeño traficante en un traficante (a secas), por lo que entiendo que esta cantidad es, para los conspiracionistas, pura calderilla. Sin embargo, según las investigaciones policiales y el Auto de Procesamiento, con esta calderilla se pudo financiar el atentado (se calcula que el atentado costó unos 60.000 €).

Tampoco parece posible, siguiendo los razonamientos de los conspiracionistas, que un delincuente pueda cometer más de un tipo de delito: o se es traficante o se es terrorista, pero ambas cosas son incompatibles. Es una lástima que hayan reconocido (en innumerables ocasiones, para intentar establecer un vínculo entre Jamal Ahmidan y ETA) el control que tiene ETA sobre el tráfico de drogas en el País Vasco, por lo que entiendo que ETA será, para los conspiracionistas, una extraña excepción a esa división de poderes en el mundo de la delincuencia.

Para referirse a los pelanas traficantes, sin embargo, han de dejarse en el tintero a una serie de individuos que, por extrañas razones (tampoco explicadas por los conspiracionistas hasta ahora), rompieron esa división de poderes en el mundo de la delincuencia; y es que algunos de los que se suicidaron en Leganés junto a esos pequeños delincuentes ya habían tenido relación anteriormente con grupos terroristas islamistas (alguno fue condenado años atrás por pertenencia al GIA argelino), como es el caso de Allekema Lamari.

Otra cuestión no menos importante para dudar de que fueran los moritos de Lavapiés los que realizaron los atentados es que nunca antes habían realizado un atentado; es un tanto extraño que, por una parte, se olviden de que ningún terrorista de ETA ha cometido un segundo atentado si antes no ha atentado una primera vez (lo cual es obvio para el resto de personas, porque si no hay una primera vez no puede haber una segunda), y por otra parte se olviden de que Allekema Lamari ya fue detenido en 1997 por estar organizando un atentado o de que Jamal Zougham tenía relaciones conocidas con el entorno del GICM. Si los tribunales tuviesen que considerar la primera cuestión (que no se puede condenar a alguien si antes no ha cometido el mismo delito al menos una vez), podríamos enviar a todos los jueces directamente al paro.

Tampoco entienden los conspiracionistas cómo es posible que unos pelanas consiguieran soldar dos cables a un teléfono móvil y enrrollarlos en el otro extremo a un detonador; entiendo que Luís del Pino, que es ingeniero, considere que sólo una persona especializada (como él) pueda realizar labores de este tipo (parece que es realmente complicadísimo conseguir un taladro y un soldador en España, sobre todo si le comentas al vendedor que es para realizar un atentado), pero todo parece indicar que la operación no era tan complicada como se pretende.

Por otra parte, los autores conspiracionistas se empeñan en destacar la adaptación a la vida occidental de algunos de los sospechosos (en contraposición con la preconcebida idea de un terrorista islamista ejemplar, que, supongo, debería haber andado por la calle escupiendo a los cristianos que se le fuesen cruzando por el camino), mientras obvian la existencia de los cambios de actitud de gran parte de ellos a partir de la Guerra de Irak, la asistencia a reuniones proselitistas, la relación directa con terroristas islamistas ya condenados por otros atentados, los viajes a Bélgica de algunos de los sospechosos durante los últimos días del Ramadán para pasarlos junto a uno de los posibles autores intelectuales, el trajín de vídeos de preparación para la yihad facilitados por El Egipcio a través de El Tunecino...

¿Por qué no se suicidaron en los trenes?

Insisten también estos autores en lo extraño de no haberse inmolado en los propios trenes, acudiendo a justificaciones encontradas en Internet en un supuesto manual del perfecto terrorista islamista y obviando, como siempre, los múltiples casos de terrorismo islamista sin suicidas (como está ocurriendo casi a diario, por ejemplo, en Irak). En este punto encontramos, sin embargo, la primera gran contradicción en todas las ideas preconcebidas anteriores: si son unos pelanas adaptados a la vida occidental, ¿qué razón tenían para suicidarse en los trenes?

No se puede pretender utilizar unos argumentos preconcebidos para dudar de la autoría de los actuales sospechosos para acabar dudando en base a los argumentos contrarios: o dudamos de su autoría porque llevaban una vida normal, o dudamos de su autoría porque deberían haber actuado de forma anormal, pero ambas cosas a la vez son marear la perdiz.

Evidentemente, para hacer el razonamiento de su no suicidio en los trenes han de olvidarse del posterior suicidio en el piso de Leganés, cuando se vieron presionados y rodeados por la policía; han de olvidarse de esa inmolación o inventarse el traslado de sus cuerpos, ya muertos, al piso de Leganés, el montaje de un equipo de audio controlado a distancia para simular los cánticos y los disparos y, cómo no, la voladura controlada de la vivienda por parte de alguien para simular el suicidio. Tan demencial es esta idea que El Mundo no ha sido capaz de atreverse (todavía) con el suicidio del piso de Leganés.

Respecto al suicidio, arguyen también que los suicidas no se amortajaron, como todo buen suicida, antes de volarse por los aires; evidentemente, también se olvidan de que en los vídeos de las reivindicaciones, los que aparecían en las imágenes iban vestidos con las ropas de personas ya muertas (es decir, que se consideraban a ellos mismos ya muertos al menos desde el día 13 de Marzo, que es cuando se grabó la primera cinta de reivindicación), algo habitual en los vídeos de reivindicación de los terroristas suicidas, que ya fue explicado en su día en la Comisión de Investigación del Congreso y que fue lo que permitió aventurar a los investigadores que podrían cometer más atentados, incluyendo los atentados suicidas.

Este asunto se obvia para argumentar contra la actuación de los GEO, que, según los autores conspiracionistas, no actuaron como actuan habitualmente (tardaron mucho en actuar); lo que también obvian es que los GEO se enfrentaban por primera vez a unos terroristas que podían morir matando, que sabían que estaban preparados para hacerlo (porque la información de la vestimenta de los vídeos de reivindicación ya se sabía desde que se estudió la cinta de vídeo del día 13 de Marzo) y que, además, disponían del explosivo necesario para hacerlo llevándose por delante a quien intentara impedirlo (como desgraciadamente ocurrió).

Concluyendo

Con tanta argumentación y contraargumentación, lo normal es perder de vista lo que realmente ocurrió: los pelanas acabaron inmolándose cuando se vieron rodeados.

Suicidarse con 30 Kg de dinamita y llevarse por delante a quien esté dentro de su alcance no sé lo que significa para los conspiracionistas, pero para el resto del mundo se llama terrorismo islamista suicida.

martes, 21 de noviembre de 2006

Entre la manipulación y la mentira

Le gusta al diario El Mundo utilizar los límites delictivos inferior y superior de una actuación de un tercero, como demostró con el juez Garzón por el caso del ácido bórico («Entre la prevaricación y la trampa política») y como ha demostrado con Sánchez Manzano por el caso de los informes de los focos de las explosiones de los trenes («Un jefe de los TEDAX, entre la negligencia y el delito»). Pero los titulares van un poco más allá, y tenemos numerosos ejemplos en el caso del 11-M.

El informe sobre los explosivos del 11-M carece de valor judicial alguno

Ayer, Casimiro García Abadillo nos ilustraba con esta afirmación, ya tratada por mí en este artículo y corregida jurídicamente por algunos de los comentaristas de esta bitácora.

La razón aducida por El Mundo para lanzar una afirmación de tal calibre es que el informe pericial está firmado por un único perito, cuando en la Ley de Enjuiciamiento Criminal se requieren dos; aunque ya está más que explicado, nunca va mal un repaso a lo dicho hasta ahora a este respecto.

Los informes periciales, sean o no elaborados por un laboratorio público (que no significa otra cosa que su pertenencia a una administración pública), pueden venir firmados por un solo perito y ser aceptados perfectamente como prueba en cualquier juicio. La firma de más de un perito tiene como única finalidad la de dar más credibilidad al informe pericial al incluirse las opiniones de más de un experto en la materia, lo cual no significa que los firmados por un solo perito no tengan credibilidad alguna; la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha hecho hincapié en algunas ocasiones a la seguridad jurídica de los procedimientos abreviados (donde sólo es necesaria una firma), comparándola con la seguridad jurídica de los procedimientos ordinarios (que es donde se aplican las dos firmas), de forma que si se considera nula una prueba pericial con la firma de un solo perito para los procedimientos ordinarios debería exigirse la misma seguridad jurídica para los procedimientos abreviados, por lo que estaríamos asistiendo a un doble nivel de protección jurídica según el delito cometido (lo cual sería inconstitucional, dado que afectaría de forma directa a la presunción de inocencia).

El Mundo, consciente de que serán pocas las personas que comprobarán este extremo, ha esperado hasta que una de las acusaciones ha solicitado, en su escrito de calificación provisional (que es cuando se han de solicitar nuevas pruebas periciales), que sea otro laboratorio el que realice los análisis de los focos de las explosiones, dando por hecho que el tribunal aceptará esa petición. Aun cuando el tribunal considere necesario que se realicen nuevos análisis a los focos de las explosiones (hay que recordar que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ya consideró acreditado que lo que explotó en los trenes fue Goma-2 ECO cuando contestó a alguno de los recursos de las defensas, dando por supuesto que las aclaraciones en el juicio serán suficientes para clarificarlo completamente), el informe pericial elaborado en el laboratorio de los TEDAX seguirá siendo la base sobre la que se comparará el otro informe pericial, de forma que, si no son contradictorios, ambos se incorporarán como pruebas de cargo, y si fueran contradictorios habrá de ser el tribunal el que decida sobre la validez de cada uno de ellos (siempre teniendo en cuenta que a los laboratorios públicos se les presupone imparcialidad y teniendo en cuenta las explicaciones que, en ese caso, tendrán que dar los peritos).

Por lo tanto, a la afirmación del titular de ayer de El Mundo le falta la imprescindible coletilla «...carece de valor judicial alguno para nosotros, los conspiranoicos»; porque para el Tribunal Supremo, muy a pesar de Casimiro García Abadillo, el valor judicial de esa prueba no se ha movido todavía desde que entró en el Juzgado de Instrucción nº 5.

Otra cuestión diferente respecto a este mismo artículo de Casimiro García Abadillo es la razón de su aparición, dos semanas después de la caída de la metenamina como fuente de teorías conspiracionistas (aunque Casimiro García Abadillo insista en la contaminación de las muestras); todo el artículo gira en torno al jefe de los TEDAX, Sánchez Manzano, dado que todavía no se ha producido el efecto esperado por el ataque iniciado hace meses: su cese fulminante. Parece la única forma de mantener un mínimo de credibilidad: miren ustedes qué incompetente o qué malo es, por eso nos hemos cebado con él (en Libertad Digital han ido un poco más lejos y, aunque finalmente han rectificado la noticia a lo largo del día, a primera hora de la mañana le asignaban directamente a Sánchez Manzano la condición de único perito firmante de los análisis de los focos de las explosiones siendo licenciado en Derecho y, por lo tanto, siendo incompetente para realizarlos).

El artículo de Casimiro García Abadillo acaba con un frase que hace referencia a otra de las grandes noticias de El Mundo.

La policía concluye que la mochila del 11-M 'pudo ser manipulada en el Ifema'

Sin embargo, en las páginas interiores de la noticia se aclara la frase extraída de un informe policial:

«En el protector de la mochila hallada en la estación de El Pozo, posteriormente desactivada, se encuentran vestigios de ADN, de un individuo, considerado hasta la fecha como ANONIMO varón. Tiene asignada la denominación PERFIL 11. Teniendo en cuenta las peripecias que siguió la referida mochila, así como el lugar donde fue extraído dicho vestigio, no puede afirmarse que el mismo pueda corresponder a uno de los terroristas, ya sea el que la portó y abandonó en el tren como el que la manipulara previamente, pero tampoco puede descartarse.
[...]
Existe un vestigio físico sobre la parte externa de la mochila-bomba desactivada por el Tedax, registrado como PERFIL 11, que por las peripecias sufridas por dicha mochila y porque pudo ser manipulada por personas no identificadas en Ifema, consideramos que no necesariamente pertenece a un terrorista. Dado que este perfil no aparece en ningún escenario, lo probable es que no pertenezca a ninguna persona relacionada con la autoría de los atentados.»

La manipulación de la mochila, otra noticia recurrente a pesar de lo abominable del uso que se hace de la palabra manipulación, pasará a los anales de la manipulación periodística. Y es que con periodistas de investigación de este nivel es normal que se encuentren incongruencias en el Sumario del 11-M: hay quien no ha aprendido a leer antes de empezar a escribir.

lunes, 13 de noviembre de 2006

¿Por dónde nos saldrán ahora?

Tras darle muchas vueltas al asunto de la metenamina, todo parece indicar que las verdaderas razones de su aparición (una simple reacción química en el cromatógrafo de gases) en algunos de los análisis de Goma-2 ECO van a tener mayores consecuencias para los teóricos del conspiracionismo de las que en un principio había intuido.

La metenamina era la única prueba directa y objetiva (emanada de informes periciales) a la que podían agarrarse los teóricos del conspiracionismo (la nitroglicerina, que no ha aparecido en ninguno de los informes periciales, acabó su recorrido con la declaración de Sánchez Manzano ante el juez para aclarar que se trató de un error); el hecho de que al juez sólo se le remitiese un informe que cita la metenamina, cuando en realidad apareció también en otros análisis (como es el caso del explosivo de las vías del AVE), era un manantial para apoyar las teorías de la ocultación de pruebas y, sobre todo, la ocultación de pruebas que relacionaran a ETA con el 11-M.

Y es que no hay que olvidar que la metenamina es la precursora del RDX (uno de los componentes de un explosivo militar llamado SEMTEX, un tipo de explosivo que fue robado por ETA); cierto es que en los análisis debería haber aparecido RDX (hexógeno) y no metenamina (hexamina), pero tanto en el Agujero Negro 20º de Fernando Múgica como en el Enigma 4º de Luís del Pino no se habla de la metenamina como precursora del RDX, sino como el componente esencial de este explosivo.

Sin embargo, acusar, sin más, a los mandos policiales de ocultar la metenamina para no implicar a ETA era un riesgo que El Mundo difícilmente podía asumir; así que había que demostrar que había una clara intención, por parte de los mandos policiales o del propio Ministerio del Interior, de ocultar cualquier relación de ETA con el 11-M; y ahí entró el ácido bórico, una sustancia que no relaciona a ETA con el 11-M (el ácido bórico, por sí mismo, no puede ser considerado una sustancia para fines terroristas, y en los registros no se encontraron el resto de sustancias ni las herramientas necesarias para transformarlo en una sustancia que pudiera utilizarse en explosivos), pero que ha servido para sembrar la duda sobre la posibilidad de que los mandos policiales estén encubriendo la participación de ETA en el 11-M.

Con la duda sembrada respecto a las intenciones de los mandos policiales de ocultar cualquier relación de ETA con los atentados del 11-M, la metenamina podría haber llegado a ser la principal fuente para las teorías conspiracionistas. La Guardia Civil ocultó al juez, en su informe sobre el explosivo de las vías del AVE, la presencia de metenamina; los TEDAX tenían muestras de Goma-2 ECO contaminadas con metenamina; el explosivo de la mochila desactivada en Vallecas (sin metenamina) era diferente al encontrado en la Renault Kangoo (con metenamina)... y ETA había robado un explosivo que contenía metenamina.

La pregunta hubiese sido entonces muy fácil. ¿Qué sustancia apareció en los focos de las explosiones para que nos oculten los detalles de los análisis? No hubiese sido necesario ni tan siquiera afirmarlo, pues la pregunta, en ese escenario, sólo hubiese tenido una contestación posible: una sustancia contenida en un explosivo utilizado por ETA y que tuviese, como mínimo, el poder destructor de la Goma-2 ECO. Descartado el Titadyne robado en Francia por ETA (su poder destructor estaba muy mermado en 2004), sólo quedaba una opción: SEMTEX. Y, además, dado que en la ocultación del verdadero papel de la metenamina habrían participado tanto los TEDAX como la Policía Científica como la Guardia Civil, las órdenes para esa ocultación sólo podían provenir de una instancia superior a esos tres cuerpos: el propio Ministerio del Interior.

El Mundo ya tenía su GAL-2. Y Luís del Pino su época de gloria asegurada.

Pero ahora la metenamina es un producto del cromatógrafo de gases y no del SEMTEX robado por ETA; el paso dado con el ácido bórico (ya lo advirtió El Mundo hace unos días: «Será la Justicia quien tenga la última palabra sobre sus responsabilidades penales, pero, al margen de ese veredicto, los hechos han quedado ya muy claros») no depende ya de lo que finalmente determinen los tribunales: hay una clara intención (ya juzgada y dictaminada en los medios conspiracionistas) de los mandos policiales de ocultar cualquier relación de ETA con el 11-M.

No podrán utilizar la metenamina, pero seguro que tienen alguna salida alternativa para seguir con sus investigaciones. La pregunta es: ¿por dónde nos saldrán ahora?

Nota sobre el artículo: La sensación de que la metenamina era una de las piedras angulares sobre la que se apoyaban gran parte de las anunciadas exclusivas de El Mundo me ha sobrevenido tras repasar algunos datos de fechas anteriores y contrastarlos con los datos que expuse en el artículo anterior. En las citas que El Mundo publica en sus portadas, el día 13 de Octubre se podía leer: «Cuando no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud (Publio Terencio)», toda una declaración de haber recibido un revés importante (ese mismo día fue el primero en muchos meses en que el 11-M, a pesar incluso del ácido bórico, desapareció de la portada); desde el 13 de Marzo de este mismo año (justo 6 meses atrás), la metenamina ha aparecido todos los meses en algún artículo o en algún editorial de El Mundo, excepto el mes de Octubre (su última aparición fue el 27 de Septiembre); y este mes de Noviembre sólo ha aparecido tras la publicación del Escrito de Calificación Provisional de la Fiscalía (los días 6 y 8), aunque de una forma completamente superficial y sin entrar en ningún detalle para refutar el informe de la Guardia Civil explicando la aparición de esta sustancia. Este último hecho, junto a la cita de la portada del día 13 de Octubre y el paso a un segundo plano de las informaciones referidas al 11-M desde esa misma fecha, parece evidenciar que la estrategia prevista ha tenido que ser revisada en profundidad.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

La metenamina

Publicaba el diario El Mundo, el 12 de Agosto de 2005, el Agujero Negro del 11-M nº XX de Fernando Múgica, con el sugerente título de Las mentiras de la metenamina.

La falsedad de la Renault Kangoo y los explosivos distintos

En dicho artículo, Fernando Múgica acusaba, por enésima vez, de falsificación de datos por parte de la policía, esta vez respecto a la composición de los explosivos; se basaba para ello en la aparición de la metenamina entre los componentes químicos encontrados en los restos de Goma-2 ECO detectados en la Renault Kangoo. Al haber aparecido este componente tanto en esa muestra como en la muestra patrón que se le remitió al Laboratorio para que se comparasen los resultados, y al no ser la metenamina uno de los componentes de la Goma-2 ECO (sí es, sin embargo, el elemento a partir del cual se puede sintetizar uno de los componentes -el hexógeno- del RDX, un explosivo militar), se tramó una de las hipótesis que más han cuajado entre los Peones Negros: el explosivo de la bolsa de deportes desactivada en Vallecas (en cuyos análisis no consta como componente la metenamina) no era el mismo que el localizado en la Renault Kangoo, por lo que ambas pruebas quedaban completamente en entredicho (Fernando Múgica afirma, en su artículo: «Con su tergiversación inicial, no corregida a lo largo de todo un año, se potenció un hecho falso que, sin embargo, ha quedado impreso a fuego en los ciudadanos: los explosivos de la furgoneta y de la mochila de Vallecas eran idénticos»).

De hecho, el pasado 11 de Julio de 2006, El Mundo volvería sobre el tema en su portada: «El explosivo que estalló el 11-M fue distinto del que tenían los islamistas»; en el artículo, firmado por Casimiro García-Abadillo, tras hacer referencia a la nitroglicerina mencionada por Sánchez Manzano en la Comisión de Investigación del Congreso, se refiere de nuevo a la metenamina y concluye, respecto a esta sustancia: «La tesis más extendida entre los expertos en desactivación de explosivos es que Sánchez Manzano quiso, de forma apresurada, desmontar la tesis de que el explosivo utilizado por los terroristas en los trenes fuera justamente Titadyn». Una vez más, los expertos de El Mundo para dar más credibilidad a esas afirmaciones.

El explosivo de los atentados y los verdaderos autores

Al ser el elemento a partir del cual se puede sintetizar el hexógeno (uno de los componentes del RDX), la aparición de la metenamina disparó las hipótesis sobre el uso de este explosivo en lugar de Goma-2 ECO, surgieron las hipótesis de su colocación en papeleras en lugar de en mochilas (opción que ya manejó -y descartó- la policía en los momentos siguientes a los atentados), se reforzó el convencimiento de la participación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en los atentados (la aparición de metenamina, tanto en la muestra patrón remitida por la policía como en la muestra encontrada en la Kangoo, sugirió una misma procedencia de ambas muestras -se probaría, por lo tanto, la falsedad de la Kangoo como prueba-, lo que unido al uso de un explosivo en el que se pudiese detectar metenamina -como es el caso del RDX y no el de la Goma-2 ECO- en los trenes, cerraría el círculo de la verdadera autoría de los atentados)...

La metenamina, por lo tanto, sería (junto a la nitroglicerina mencionada por Sánchez Manzano en la Comisión de Investigación del Congreso) uno de los principales pilares en el que se sostendrían las acusaciones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por parte de los teóricos conspiracionistas, respecto a su posible participación en los atentados (bien encubriendo a los principales autores, bien facilitándoles el explosivo o bien participando directamente en ellos).

Un día antes de la publicación del artículo de Fernando Múgica, Libertad Digital se hacía eco de una de las exclusivas de su colaborador Luís del Pino: «la exclusiva de Libertad Digital demuestra que los explosivos de la furgoneta y los de la mochila no eran iguales y que el jefe de los Tedax habría manipulado los informes»; una exclusiva que fue sobre la que Luís del Pino elaboraría su Enigma nº 4 (titulado Una impúdica cadena de mentiras), en el que realizó esta acusación: «Lo que sí tenemos claro a estas alturas es que el explosivo de la mochila de Vallecas no coincide con el de la furgoneta de Alcalá, lo que apunta a que una de las dos pistas (en el próximo capítulo veremos cuál) era un mero señuelo. [...] Pues bien, es verdad que a partir del 11 de marzo hubo mentira y manipulación en el tema de los explosivos, pero el sumario demuestra que quien mintió y manipuló no fue precisamente el ministro Acebes». Aunque lo más clarificador es el subtítulo que Libertad Digital elige para su exclusiva: «EN LA RENAULT HABÍA GOMA-2 ECO Y RESTOS DE EXPLOSIVOS MILITARES».

La pésima instrucción y la incompetencia fiscal

Concluía Fernando Múgica su artículo del 12 de Agosto de 2005: «Resulta grotesco e inimaginable que el juez, un año más tarde del 11-M, no supiera aún la composición exacta de los explosivos utilizados en los atentados. Hay quien se empeña en que todo está aclarado hace tiempo en este tema. Las mentiras oficiales, que convencieron a tantos millones de españoles, se van descubriendo inexorablemente. El sumario aporta datos, hechos, informes que demuestran, cuando menos, profundas contradicciones».

La sorpresa habrá sido mayúscula, en aquellos que acusaban al juez instructor y a la fiscal del caso de tolerar las inconguencias o los errores en las investigaciones, con la aparición de las Calificaciones Provisionales de la Fiscalía (disponible también en formato HTML); en otros, más que sorpresa, les habrá causado sonrojo y vergüenza. En otros, sin embargo, no les habrá causado el más mínimo rubor.

La aparición de la metenamina (también conocida como urotropina o hexamina, y cuya fórmula química es C6H12N4) en algunas de las muestras de Goma-2 ECO analizadas parece tener una explicación mucho más simple que la que resultaría de las elucubraciones mentales de Luís del Pino, Fernando Múgica o Casimiro García-Abadillo (que en este caso no quisieron ser ayudados por los expertos que El Mundo tanto utiliza a su conveniencia): una simple reacción química cuando se utiliza el cromatógrafo de gases para analizar muestras de Goma-2 ECO.

Como reconocieron tanto Luís del Pino en su Enigma nº 4 («la Guardia Civil solicitaba, muy sibilinamente, que se pidiera a la Policía información sobre si había sido detectada METENAMINA en los explosivos de Leganés, lo que era una hábil manera de llamar la atención del juez sobre el punto fundamental del engaño») como Fernando Múgica en su Agujero Negro nº XX («un año después, la Guardia Civil solicita al juez la ampliación de datos sobre la composición química de los explosivos de los atentados para cotejarlos con los que ellos han analizado de la mochila encontrada en las vías del AVE»), la Guardia Civil solicitó información a los TEDAX sobre la aparición de metenamina en las diversas muestras analizadas de Goma-2 ECO; y es que, según consta en los análisis de la Guardia Civil realizados al explosivo localizado en las vías del AVE, la metenamina también hacía allí su aparición (aspecto éste que no había sido hecho público hasta ahora).

En el informe 1526/Q/04 (del 4 de Agosto de 2004), referente a la composición química del artefacto explosivo localizado en las vías del AVE, se detectan tanto metenamina como estereato de metilo junto a los componentes de la Goma-2 ECO; se realiza una ampliación de dicho informe en el que se descarta el contacto físico de la Goma-2 ECO con el hexógeno (que es el componente del RDX, obtenido a partir de la metenamina), de forma que se concluye que la contaminación ha de ser debida a un objeto o material que hubiese transferido la metenamina (y nunca su derivado, el hexógeno) a las muestras.

El 28 de Junio de 2005 se emite el informe 1735/Q/05 para clarificar la presencia de la metenamina en los resultados de los análisis realizados a las diferentes muestras de Goma-2 ECO en las que apareció esta sustancia (éste es el resultado de la solicitud de información de la que hablaron tanto Luís del Pino como Fernando Múgica); para ello, se solicitó a Unión Española de Explosivos que remitiese muestras de la pasta obtenida tras el proceso de fabricación de la Goma-2 ECO (pasta bruta) y se comprobaron los reactivos utilizados en la síntesis de la Goma-2 ECO, descartándose la presencia de metenamina entre esos reactivos. Sin embargo, una vez introducida la muestra en el cromatógrafo de gases, en los resultados de los análisis volvió a aparecer la metenamina, por lo que se concluyó que la presencia de algunos componentes de la Goma-2 ECO, junto al metanol utilizado como medio de reacción en el cromatógrafo de gases, da como resultado la metenamina.

Para comprobarlo, se realizó un estudio con los diferentes componentes de la Goma-2 ECO, de forma que se pudo determinar que la mezcla de nitroglicol (C2H4N2O6) y nitrato amónico (H4N2O3), cuando reacciona con el metanol (CH4O) del cromatógrafo de gases (en sus condiciones normales de uso), es la responsable de la aparición de la metenamina (C6H12N4) en los resultados de los análisis.

Pero hay algo más, tanto o más importante que la explicación química a un análisis químico. Tanto Luís del Pino en su 4º Enigma («el engaño fue destapado por la Guardia Civil un año después de la masacre») como Fernando Múgica en su 20º Agujero Negro («la Guardia Civil pone así en un aprieto a la Policía ante el juez. La contestación de Sánchez Manzano y su intento de explicar lo inexplicable desbaratan toda la actuación de su departamento») reconocen la profesionalidad de la Guardia Civil, que desacredita, a los ojos de los conspiracionistas, el trabajo de los TEDAX... Pues bien, resulta que el informe 1735/Q/05 es realizado por esa Guardia Civil que destapó la farsa de la metenamina. No es la Fiscalía la que dice que aparece la metenamina por una reacción química, sino la profesional Guardia Civil.

Consecuencias en las teorías de la conspiración

Las consecuencias directas en las teorías conspiracionistas de esta reacción química son múltiples.

En primer lugar, que el explosivo de la bolsa de deportes desactivada en Vallecas y el detectado en la Renault Kangoo (así como el detectado en las vías del AVE) sí son el mismo y responden al nombre comercial de Goma-2 ECO, el mismo tipo de explosivo del que dispuso Jamal Ahmidan.

En segundo lugar, que este explosivo, sin ningún lugar a dudas (la metenamina deja de formar parte de una posible contaminación por contacto con RDX), es completamente compatible con el utilizado en los focos de las explosiones de los trenes, en los que se detectaron componentes de las dinamitas.

En tercer lugar, que los análisis realizados a las muestras de Goma-2 ECO en los laboratorios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fueron completamente correctos, en contra, una vez más, de lo dicho por los expertos de El Mundo.

En cuarto lugar, que la muestra patrón de Goma-2 ECO que los TEDAX remitieron al Laboratorio no fue contaminada por otro explosivo como pudiera ser el RDX, por lo que no hay nada que pueda justificar las acusaciones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de haber manipulado cualquiera de las muestras de Goma-2 ECO analizadas.

Y en quinto lugar, que las mentiras y manipulaciones oficiales que denunciaban Luís del Pino o Fernando Múgica, los señuelos, tergiversaciones y hechos falsos con los que nos iluminaron los autores conspiracionistas y las contradicciones e incongruencias del Sumario del 11-M con las que algunos nos han estado taladrando durante meses, sólo pueden encontrarse en las mentes enfermizas y/o interesadas de unos iluminados y de sus cegados seguidores.

Reacciones de los conspiracionistas

En contra de lo que cabría esperar ante las conclusiones del informe 1735/Q/05, El Mundo publicaba el pasado día 6: «Aún más sangrante es lo que la fiscal dice del Skoda Fabia y la metenamina. Del primero proclama que fue usado por los terroristas para ir el 11-M a Alcalá pese a que es imposible que estuviera allí el día de los atentados. De la segunda, que se genera por una reacción química en el laboratorio, pese a que la policía había explicado su presencia en el explosivo por la contaminación de la muestra patrón. En definitiva, todo indica que el relato de la fiscal va a tratar de sustituir las certezas que no ha hallado por elucubraciones y fantasías»; y en el Editorial de hoy mismo insiste: «Hay también explicaciones increíbles y afirmaciones contradictorias que revelan el escaso fundamento de la investigación de la Fiscalía. Dice, por ejemplo, que la metenamina hallada en la dinamita de la Kangoo -y en la muestra patrón- fue fruto de «una reacción química» en el laboratorio de la Policía».

¿Y Luís del Pino? Luís del Pino, el pasado día 6 por la tarde (cuando tanto él como El Mundo conocían ya las conclusiones de la Fiscalía, pues recordemos que El Mundo ya las adelantó en su edición escrita de ese mismo día), escribe uno de sus artículos en su Blog exigiendo explicaciones por la decisión de Gemma Gallego de levantar la imputación a los tres peritos que realizaron el informe sobre el ácido bórico. Y la metenamina de su Enigma nº 4, olvidada.

Libertad Digital, por su parte, prefiere atacar directamente a la fiscal por mencionar la Guerra de Irak como una posible causa de los atentados del 11-M; Javier Zaragoza, como firmante del Escrito de Calificación Provisional de la Fiscalía, también se lleva su parte. Ahora bien, la metenamina, ni mentarla.

Nota final: El pasado 16 de Agosto, un anónimo ya se hizo eco, en los comentarios al artículo Cromatógrafos profesionales, de la nota informativa de la Fiscalía explicando esta reacción química (en contra de la información de El Mundo del pasado día 6, en la que se dice que «el escrito fiscal ofrece una explicación novedosa a la aparición de la metenamina»); es ahora, con los detalles del informe, cuando se puede confirmar plenamente que la utilización de la metenamina para desacreditar el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fue no sólo un error, sino un verdadero acto de mala fe del que no han sido capaces de desdecirse ni uno solo de los autores de los artículos que acusaban a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de incompetencia, de colaboración con terroristas o de ocultación y falsificación continuada de pruebas.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Pruebas e indicios suficientes

¿Son suficientes las pruebas e indicios aportados por las investigaciones para declarar culpables a los actuales sospechosos?

Si atendemos a la versión sesgada del Sumario del 11-M que manejan Luís del Pino y el resto de teóricos de la conspiración, será imposible incriminar a los actuales sospechosos con las investigaciones llevadas a cabo hasta ahora por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pues la práctica totalidad de las pruebas de cargo aportadas a la instrucción del caso (y, sobre todo, las consideradas pruebas básicas) estarían bajo la sospecha de ser falsas. La bolsa de deportes procedente del tren de El Pozo y desactivada en Vallecas, la Renault Kangoo encontrada tres horas después de los atentados o el Skoda Fabia encontrado tres meses más tarde son consideradas pruebas falsas, introducidas artificialmente por la policía (o por otras personas con oscuras intenciones) para desviar las investigaciones hacia el terrorismo integrista islámico.

Sin embargo, de la simple lectura del Auto de Procesamiento dictado por el juez instructor, se desprenden infinidad de pruebas e indicios que parecen más que suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia de algunos de los actuales sospechosos; intentaré en este artículo enlazar las diferentes pruebas e indicios que pueden suponer la incriminación de los dos únicos presuntos autores materiales de los atentados que están a disposición de la Justicia: Jamal Zougam y Abdelmajid Bouchar.

Cuestiones previas

Antes de iniciar el artículo, es necesario clarificar algunos aspectos.

La primera cuestión es que no voy a tener en cuenta para el desarrollo del artículo las tres pruebas de las que se ha puesto en cuestión su validez desde los sectores conspiracionistas: la bolsa de deportes desactivada en Vallecas, la Renault Kangoo y el Skoda Fabia. No se trata de una predicción sobre el posible futuro de estas pruebas (es decir, no estoy presuponiendo que no vayan a ser tenidas en cuenta en el juicio oral), sino de intentar demostrar que esas tres pruebas no son necesarias para llegar a los actuales sospechosos; más en concreto, se trata de demostrar que la fabricación de esas tres pruebas para incriminar a los actuales sospechosos no tiene ningún sentido, pues hay otras pruebas que llevan a las mismas personas desde diferentes puntos de inicio.

La segunda cuestión se refiere a las autorías conjuntas; como ya expliqué en el artículo anterior refiriéndome a otras condenas por atentados terroristas, las autorías conjuntas tienen un tratamiento específico, por cuanto que se puede tomar al conjunto del grupo terrorista como autor de los actos de cualquiera de sus integrantes y, de la misma forma, cualquiera de los integrantes del grupo puede considerarse autor de los actos del grupo en sí. Como puede comprobarse en la segunda Sentencia del Tribunal Supremo mencionada en el artículo anterior, aun sin haber sido reconocidos los autores del atentado en el lugar del crimen (todos ellos iban con sus caras cubiertas para evitar ser reconocidos), el resto de indicios encontrados en los alrededores (tampoco se encontraron esos indicios en el lugar exacto del crimen) fueron suficientes para incriminar a varios de los culpables, sin importar la participación individual exacta en el transporte y lanzamiento de los artefactos explosivos.

La tercera cuestión se refiere a aspectos jurídicos concretos respecto a la validez de las pruebas; he intentado utilizar en el artículo el mayor número posible de pruebas que no hayan sido puestas en duda por el sector conspiracionista, no por considerarlas más robustas (eso lo tendrá que decidir el tribunal juzgador), sino para intentar demostrar que la cantidad y la calidad de las pruebas e indicios aportados por las investigaciones deberían hacer inverosímiles las teorías de la fabricación (casi industrial) de pruebas falsas. He considerado plenamente válidas aquellas pruebas por cuanto que no han sido puestas en duda por quienes se han dedicado a poner en duda una gran parte de las pruebas contenidas en el Sumario, por lo que podrían considerarse con un plus de veracidad; sin embargo, ha de quedar claro que quien, en definitiva, ha de considerarlas válidas o no, ha de ser el tribunal juzgador.

El inicio: la autoinculpación

Empezaré este artículo justo por el acto final de los atentados: su reivindicación. Jamal Ahmidan (El Chino) graba dos vídeos prácticamente iguales (sólo varían unas frases a mitad de la locución) el día 27 de Marzo de 2004 (16 días después de los atentados), que serían recuperados en el desecombro del piso de Leganés en el que se suicidaron siete terroristas; en esos vídeos se reivindican los atentados del 11-M al tiempo que se amenaza con nuevas acciones terroristas. En los vídeos aparecen tres individuos armados y realizan la reivindicación en nombre de un grupo terrorista llamado Brigadas de la Muerte de Ansar Al Qaeda (Brigadas de la Muerte de los Partidarios de Al Qaeda). La voz de Jamal Ahmidan leyendo la reivindicación es reconocida por hasta siete testigos.

En las reivindicaciones, por lo tanto, sólo puede reconocerse (por la voz) a una de las tres personas que aparecen en los vídeos. ¿Significa esto que la autoinculpación se refiere sólo a Jamal Ahmidan o, en todo caso, a Jamal Ahmidan y a las otras dos personas que aparecen en el vídeo? Si fuese así, esta prueba (la autoinculpación a través de la reivindicación de los atentados) quedaría sin validez para el juicio oral, pues recordemos que Jamal Ahmidan fue una de las personas que se suicidó en el piso de Leganés y, además, se desconoce la identidad de las dos personas que le acompañan, por lo que no serviría de prueba de cargo contra los actuales sospechosos (a no ser que en el juicio oral reconocieran ser ellos los que aparecen en los vídeos).

Sin embargo, los atentados del 11-M son un claro caso de autoría conjunta, no sólo por la forma de cometerlo (estallaron 12 bombas en 4 trenes diferentes y en vagones distintos), sino porque en las propias reivindicaciones se reconoce la autoría en nombre de un grupo terrorista. ¿Pueden descartarse entonces las reivindicaciones como prueba de cargo para los actuales sospechosos? No, aunque, para llegar a ser utilizada en la desvirtuación de su presunción de inocencia, serán necesarias algunas comprobaciones: la viabilidad de la autoinculpación (es decir, si pudo Jamal Ahmidan cometer los atentados), la existencia de ese grupo terrorista en nombre del que se reivindican los atentados y la pertenencia a ese grupo de los actuales sospechosos.

Viabilidad de la autoinculpación

Los atentados terroristas del 11-M se cometieron con explosivos de fabricación industrial (dinamita según los restos encontrados en los focos de las explosiones); por lo tanto, la primera comprobación a realizar será si Jamal Ahmidan disponía de esos explosivos, lo cual queda sobradamente demostrado a través de la trama asturiana de venta ilegal de explosivos: Jamal Ahmidan pudo disponer de más de 300 kg de Goma-2 ECO (ver el artículo ¿Qué explotó en los trenes? para más información).

El suicidio de Jamal Ahmidan (junto a otros 6 terroristas) en el piso de Leganés, utilizando unos 30 Kg de Goma-2 ECO (se enconcontrarían, además, 17 Kg sin explotar y numerosos envoltorios equivalentes a casi 100 Kg más), confirmaría la posesión de una cantidad considerable de este tipo de dinamita y las claras intenciones de utilizarlo para fines terroristas, al menos hasta acabar con las existencias (recordemos que el día anterior al suicidio se localizó otro explosivo sin estallar en las vías del AVE, en el que se encontraron restos de ADN de uno de los suicidas).

Existencia del grupo terrorista

El suicidio de siete terroristas en el piso de Leganés es la principal prueba de la existencia de un grupo terrorista integrista de carácter islámico que podría responder a las características del grupo en nombre del cual se reivindicaron los atentados del 11-M; el hecho de encontrarse en el desescombro de ese piso las dos reivindicaciones de los atentados, junto a los restos de quien hablaba en ambas grabaciones (Jamal Ahmidan), confirmarían que el grupo existía realmente y que disponía del material explosivo necesario para cometer atentados terroristas a gran escala. Cabe resaltar, además, que la tenencia de material explosivo existía desde meses antes a los atentados y que el grupo terrorista estuvo realizando pruebas con él al menos desde el 5 de Octubre de 2003 (cuando Rachid Aglif, Jamal Ahmidan y Rafá Zouhier resultaron heridos al probar una pila de teléfono móvil con un detonador, hecho que se vería verificado tanto por José Emilio Suárez Trashorras -quien manifestó que en una de las reuniones en el McDonalds de Carabanchel apreció daños físicos en algunos de los presentes- como por un parte médico a Rafá Zouhier el 12 de Octubre de 2003 -realizado como consecuencia de una reyerta de éste con otra persona).

Recordemos que, al suicidarse siete terroristas, los integrantes de ese grupo serían, como mínimo, esos siete suicidas: Jamal Ahmidan, Allekema Lamari, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet (El Tunecino), Abdennabi Kounjaa, Mohamed Oulad Akcha, Rachid Oulad Akcha y Asrih Rifaat Anouar. Adicionalmente, la existencia tanto de huellas dactilares como de restos de ADN de diversas personas dentro de la misma vivienda ampliaba el número de posibles integrantes del grupo terrorista, incluyendo a Abdelmajid Bouchar, que huyó poco antes del suicidio cuando bajaba una bolsa de basura.

La posterior comprobación de las relaciones entre el grupo de suicidas y terceras personas, tanto a través del análisis de llamadas telefónicas realizadas entre ellos como a través de testigos (muchos de los sospechosos fueron vistos en diversas reuniones donde se realizaba proselitismo de la yihad), confirmarían la integración en ese mismo grupo de varias personas más (Mohamed Afalah, Mohamed Belhadj y Jamal Zougam, entre otros). Además, la presencia de huellas dactilares y restos de ADN en la casa de Morata de Tajuña (donde también se encontraron restos de componentes de Goma-2 ECO, siendo una vivienda en la que las visitas no pueden considerarse accidentales dada su ubicación) confirmaría la pertenencia al grupo de Abdennabi Kounjaa, Jamal Ahmidan (El Chino), Mohamed Belhadj, Asrih Rifaat Anouar, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet (El Tunecino), Mohamed Afalah y Abdelmajid Bouchar.

Si atendemos a los análisis de las llamadas telefónicas, Jamal Ahmidan (locutor de las reivindicaciones, comprador de la Goma-2 ECO y suicidado en el piso de Leganés) se comunica de manera abundante durante los meses anteriores a los atentados con Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet (El Tunecino), con Rachid Oulad Akcha, con Abdennabi Kounjaa, con Asrih Rifaat Anouar o con Mohamed Oulad Akcha (todos ellos suicidados en el piso de Leganés); además, existen contactos telefónicos de Jamal Ahmidan con la mayor parte de los presuntos autores materiales, con la mayoría de los presuntos integrantes del grupo terrorista (aun sin ser autores materiales) y con gran parte de los presuntos colaboradores (incluyendo al colaborador necesario José Emilio Suárez Trashorras). Las llamadas telefónicas entre el resto de supuestos miembros de la célula terrorista son también abundantes, distinguiéndose varios grupos con un mayor tráfico de llamadas; en lo que se refiere a las llamadas de Abdelmajid Bouchar, éste recibe comunicaciones tanto de Mohamed Afalah (huido a Bélgica el mismo día del suicidio de Leganés junto a Mohamed Belhadj) como de Abdennabi Kounjaa (uno de los suicidas de Leganés); respecto a Jamal Zougam, recibe llamadas de Mohamed Afalah (al mismo teléfono móvil que consta en documentación referida a los atentados de Casablanca) o de Hicham Ahmidan (a través de un teléfono móvil posiblemente utilizado por Jamal Ahmidan).

Respecto a las llamadas de Jamal Zougam, es importante resaltar que, como reconoció él mismo ante el juez instructor, solía utilizar los móviles de los clientes que iban a reparar sus teléfonos a su tienda, por lo que la ausencia de llamadas al resto de miembros de la célula terrorista (conociendo, además, que su teléfono constaba relacionado con los atentados de Casablanca) puede entenderse perfectamente a través de su propia explicación ante el juez, si bien en el registro a uno de los coches de su propiedad (un Mitsubishi Galant) se le encontró el número de teléfono de Mohamed Afalah anotado en una agenda.

Si atendemos a las pruebas testificales, se tiene constancia de reuniones a la salida de la Mezquita de la M-30 (las reuniones se realizaban a la orilla del río bajo fuertes medidas de seguridad para evitar ser detectados), de reuniones en el barrio de Lavapiés y de otro tipo de reuniones en las que, según los testigos, se hacía proselitismo de la yihad y a la que acudían Jamal Zougam, Allekema Lamari, Mohamed Afalah, Abdelmajid Bouchar, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet (El Tunecino) y diferentes miembros de la supuesta célula terrorista.

Pertenencia al grupo

La pertenencia al grupo terrorista tanto de Abdelmajid Bouchar como de Jamal Zougam debería quedar suficientemente acreditada con las pruebas e indicios apuntados en el punto anterior; aunque esta pertenencia deberá ser confirmada por el tribunal juzgador, hay que resaltar que si no pudiese comprobarse, sí sería posible (y muy probable) que estos dos sospechosos quedaran en libertad por falta de pruebas (si no consiguiese probarse su pertenencia al mismo grupo terrorista de Jamal Ahmidan, la tenencia de explosivos y, consecuentemente, la posibilidad de su posterior uso para cometer los atentados, quedarían sin base probatoria suficiente).

En el caso de Abdelmajid Bouchar, esta pertenencia parece quedar plenamente acreditada, dado que sus huellas, su ADN y documentación a su nombre fueron encontrados o en el piso de Leganés o en la casa de Morata de Tajuña, además de haber sido reconocido por un policía cuando salía del piso de Leganés momentos antes del suicidio del resto de terroristas y haber quedado probadas sus relaciones tanto con Allekema Lamari como con Mohamed Afalah. Por lo tanto, sólo quedaría comprobar su participación activa en los atentados como parte de ese grupo terrorista; aunque en el Auto de Procesamiento el juez instructor no detalla los testigos que hubiesen podido ver a Abdelmajid Bouchar en los trenes el mismo día de los atentados, lo cierto es que esos testigos existen, por lo que deberá ser el tribunal juzgador el que decida si pueden ser considerados válidos para considerar a Abdelmajid Bouchar como autor material y no sólo como mero integrante de un grupo terrorista. Aun así, si tenemos en cuenta la segunda Sentencia del Tribunal Supremo que mencioné en el artículo anterior, no parece necesaria la identificación plena del sospechoso en el lugar de los hechos para incriminarle (en dicha Sentencia se consideran plenamente válidos el resto de pruebas e indicios aportados por las investigaciones, a pesar de que los sospechosos no pudieron ser identificados por los testigos presenciales al ir con la cara cubierta).

Respecto a Jamal Zougam, la pertenencia al grupo no queda en un principio tan clara como en el caso de Abdelmajid Bouchar, pues sus huellas y ADN no aparecen ni en el piso de Leganés ni en la casa de Morata de Tajuña (centros de operaciones del grupo terrorista); sin embargo, en este caso sí hay varios testigos que lo reconocen en los trenes, incluyendo uno de ellos que le reconoce como la persona que depositó debajo de su asiento una bolsa de deportes (la descripción de la bolsa de deportes la realizaría el día 12 de Marzo por la mañana, y es de suponer que daría también una descripción del portador de esa bolsa de deportes, por lo que si la descripción del día 12 de Marzo coincide con las características físicas de Jamal Zougam, cualquier sombra de dudas sobre la validez de este testimonio quedaría prácticamente despejada, al desconocerse hasta un día después el aspecto real de este sospechoso).

Otros puntos de partida

Aunque en el desarrollo del artículo he partido de las reivindicaciones en las que aparece Jamal Ahmidan, partiendo de cualquiera de las demás pruebas aportadas por las investigaciones podría llegarse a las mismas conclusiones, lo cual es signo de que esas investigaciones han cumplido plenamente con su papel y que la instrucción del caso no ha sido tan defectuosa como algunos pretenden hacer ver.

Partiendo, por ejemplo, de la bolsa de deportes desactivada en Vallecas (cuya descripción coincide plenamente, por cierto, con la descripción aportada por el testigo que reconoció a Jamal Zougam en los trenes), podría llegarse exactamente a los mismos sospechosos (de hecho, ésta ha sido la prueba que ha servido a la policía y al juez instructor para llegar a los actuales imputados).

Partiendo del propio piso de Leganés podría haberse llegado de la misma forma a los mismos sosechosos (a través de los envoltorios de dinamita encontrados y a los restos de ADN, huellas y documentos). Partiendo de la casa de Morata de Tajuña podría llegarse a los mismos sospechosos (por las huellas y restos de ADN encontrados). Partiendo de la ropa encontrada en la Estación de Vicálvaro podría llegarse a los mismos sospechosos (por los resto de ADN encontrados pertenencientes a Otman El Gnaoui, a Asrih Rifaat Anouar, a Abdennabi Kounjaa y a Mohamed Oulad Akcha). Partiendo del artefacto explosivo encontrado en las vías del AVE se podría haber llegado a los mismos sospechosos (a través de los restos de ADN de Asrih Rifaat Anouar). Y así con la Renault Kangoo, con el Skoda Fabia, con los robos de dinamita en Asturias...

En definitiva, parece que las pruebas e indicios aportados por las investigaciones son lo suficientemente abundantes y detallados para poder incriminar a los actuales presuntos autores materiales de los atentados que están a disposición de la Justicia. Será el tribunal juzgador quien determine finalmente si esto es así o no, pero, en un principio, todo parece indicar que algunos de los actuales imputados tienen muy complicado mantener su presunción de inocencia en base a los datos existentes en el Sumario del 11-M.

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